martes, 8 de noviembre de 2016

Coda


Préstamo del italiano “coda” (plural “code”) /ˈkoda/ (“cola” [de un animal], “final”, “parte de atrás”, “estela”, “fila”), a su vez proveniente del latín “cauda”. En español se utiliza en varios ámbitos: en métrica, designa el ‘conjunto de versos que se añaden como remate a ciertos poemas’; en música, la ‘parte final de un movimiento, con frecuencia la repetición de uno de sus mejores motivos, añadida con el fin de redondear la obra’ (frecuente en las sonatas y en las sinfonías), una ‘repetición de los motivos más agradables del baile al final de una pieza bailable’ o el signo musical empleado en notación para señalar determinados puntos de referencia cuando se quiere indicar una repetición; finalmente, en fonología, es la ‘parte de la sílaba que es posterior a su núcleo’ (como por ejemplo la –j de “carcaj” o “reloj”), donde la consonante inicial de la primera sílaba se llama “cabeza” y el núcleo se llama “cima”.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Excuse me?



Me encontraba en un sitio muy pintoresco de la ciudad tomándome un café cuando entró una señora que se acercó a pedir en el mostrador. Tras unos minutos, le dijo a la dependienta que quería una galleta de chocolate y un batido. La dependienta la miró con cara extrañada y le preguntó que si se refería a la cookie de chocolate y al smoothie verde. Yo no pude evitar sorprenderme, la dependienta parecía casi indignada; pero más me sorprendió la respuesta de la señora: «¿y no son lo mismo?» Y tenía toda la razón: son lo mismo. Pero hoy en día nos creemos más cool por usar ese tipo de palabras. Y es que están muy bien los anglicismos y todo eso, pero ¿hasta qué punto lo estamos llevando?

viernes, 28 de octubre de 2016

Otros palabros (XLVII): «Factores de distancia» (o del lenguaje engolado y antieconómico)


Rezaba hace poco un diario peruano que «el alcalde no pudo llegar al acto oficial debido a “factores de distancia”» (es decir, “porque estaba lejos”). Otros ejemplos parecidos, bastante típicos en los medios de comunicación (perdón, los mass media), son disparates como los siguientes:
• «Los atracadores huyeron “a bordo de” una moto»: la fórmula “a bordo de” (que también hay quien confunde con “abordo”, presente del verbo “abordar”), válida para naves y aeronaves, resulta ampulosa e inexacta al hablar de motos, coches o bicicletas, cuando podemos resolverlo con un llano “en”. Además, no debe usarse para transportes sin espacio interior (nadie viaja “a bordo de” motos o bicicletas, puesto que no van “dentro de” sus vehículos, sino “sobre” ellos).
• «Caerán “precipitaciones en forma de” nieve o agua» (es decir, “nevará” o “lloverá”) y otras perífrasis relativas al tiempo atmosférico como “condiciones climatológicas adversas” (“mal tiempo”).
• «Se espera que aumente “la siniestralidad en vías interurbanas”» (habrá “más accidentes en las carreteras”) o «Se ha producido un accidente en el “punto kilométrico” 242 (en el “kilómetro” 242, para evitar el oxímoron que supone que un punto tenga una longitud tan extensa).

martes, 18 de octubre de 2016

Lehendakaresa / Lendakaresa


Al igual que “aquelarre”, “chabola”, “gabarra” o “ikurriña”, entre muchos otros, el vocablo “lendakari”, préstamo del euskera “lehendakari” (‘jefe de gobierno’) para designar al ‘presidente del gobierno autónomo vasco’, lleva mucho tiempo asentado en la lengua castellana.
No así “lehendakaresa”, neologismo que evidentemente no ha sido creado por ningún hablante de euskera, sino más bien por alguna persona aquejada de esa imperiosa necesidad—tan contagiosa en nuestros días— de distinguir el género en todas y cada una de las palabras. Si bien la terminación –esa se utilizó en los inicios de la Academia Vasca, antes de la normalización, en palabras como “alkatesa” (de “alkate”, “alcalde”) o “aktoresa” (de “aktore”, “actor”), salvo contadas excepciones el euskera carece de flexión de género por sexo: son simplemente palabras diferentes para seres de sexo diferente, como gizon·hombre/andre·mujer, mutil·chico/neska·chica o aita·padre/ama·madre. Así, cuando una mujer llegue a la presidencia del gobierno del País Vasco, será “la lendakari”. Además, el sonido de la palabra “lendakaresa” se parece mucho al de “lehendakaritza” (‘presidencia del gobierno vasco’), con lo que podría llevar a confusión en el lenguaje hablado.
El desconocimiento del euskera hace que caigamos en malentendidos e inexactitudes cuando, por las razones que sean, intercalamos vocablos de dicha lengua en nuestra habla del día a día, como por ejemplo referirse a los “padres” como “aitas”: “aita” quiere decir exclusivamente “padre”, luego “aita” en plural son dos padres varones, no un padre y una madre.
Por otra parte, en caso de considerarse imprescindible formar el femenino de “lendakari”, en todo caso debería ser “lendakara”, siguiendo las normas de formación del género femenino en castellano; parece ser que el motivo por el cual se ha optado por la denominación “lendakaresa” ha sido totalmente arbitrario (un caso parecido al de “lideresa”) y también se podría haber elegido “lendakarisa” (como “sacerdotisa” o “poetisa”) o “lendakarina” (como “zarina”).

martes, 11 de octubre de 2016

Extimidad


Concepto creado en 1958 por el psicoanalista francés Jacques Lacan en su seminario “La ética del psicoanálisis”. Calcado del francés “extimité” al resto de lenguas (“extimacy” en inglés, por ejemplo), alude a lo “éxtimo”, el aspecto más íntimo de la personalidad, irreconocible para el sujeto por estar situado en un espacio mental ajeno a la conciencia e inexplicable por apuntar a lo más real de cada uno. Como el tal Lacan no sale en ningún “reality” ni tiene ningún “follower” en las redes sociales, ha comenzado a utilizarse este término, de manera errónea y simplista, como antónimo de “intimidad” o sinónimo de “exhibicionismo”, con el sentido de ‘hacer externo o difundir lo íntimo’. Incluso hay quien se atreve a enmendarle la plana a este psicoanalista y afirmar que fue él mismo quien lo definió como ‘la tendencia de las personas a hacer pública su intimidad’.

lunes, 10 de octubre de 2016

Numerización


Calco del neologismo anglosajón “numeracy” /ˈnjuːmərəsɪ/ (‘conocimientos básicos de aritmética’, ‘habilidad para la aritmética’, ‘habilidad con los números’), contracción de “number” /ˈnʌmbə/ (“número”) y “literacy” /ˈlɪtərəsɪ/ (“alfabetismo” —‘capacidad de leer y escribir’—, “alfabetización”, “conocimientos de”, “competencia en”, “habilidades de”, “don para”) y acuñado en 1982 por el Dr W. H. Cockcroft, presidente de la comisión de investigación de la enseñanza de Matemáticas en las escuelas que, en su informe para los gobiernos de Inglaterra y Gales, definía los dos atributos de este término: «El primero: sentirse “a gusto” con los números y ser capaz de utilizar las habilidades matemáticas que permiten a una persona hacer frente a las necesidades matemáticas prácticas de la vida diaria. El segundo: ser capaz de captar y entender la información que se presenta en términos matemáticos, como por ejemplo en gráficas, diagramas y cuadros, o mediante referencias a incrementos o decrementos porcentuales».
Para referirnos a este concepto, en español utilizamos las expresiones “aptitud numérica” (AN) o “capacidad numérica” (‘habilidad para manejar y utilizar números y relaciones matemáticas en su doble versión de rapidez en su manejo y de resolución de problemas’), también denominadas en ocasiones “alfabetización numérica” (término contradictorio, al menos etimológicamente, pues “alfabetización” se refiere a la lectura y a la escritura) o “competencia numérica” (designación más inclinada hacia los usos prácticos de los conocimientos numéricos que a su comprensión).
En otros ámbitos, también se utiliza el verbo “numerizar” con el sentido de “digitalizar” o “escanear” debido a una traducción errónea del francés “numériser” (/nymeʀize/).

jueves, 6 de octubre de 2016

Bomba de tiempo


Calco del inglés “time bomb” (/taɪmbɒm/), cuyos equivalentes en español son “bomba de relojería” o “bomba cronometrada”, muy común en el campo de la informática para designar las “bombas temporales”: virus programados para que se activen en un momento determinado, incluso en varios equipos al mismo tiempo (viernes 13, día de los Inocentes, etc.) Son parecidos a las “bombas lógicas” (de “logic bomb” /ˈlɒdʒɪkbɒm/), que permanecen ocultas hasta que se cumplan una serie de condiciones preprogramadas en el equipo infectado o que ejecutan una acción maliciosa no autorizada cuando el usuario realiza una acción determinada (enviar un correo electrónico, ejecutar un comando, abrir alguna aplicación, etc.), y a los “disparadores de base de datos” (de “database trigger” /ˈdeɪtəˌbeɪsˈtrɪɡə/), cadenas de código ocultas que, por ejemplo, comienzan a borrar archivos si detectan que el programador deja de aparecer como activo en el sistema (es decir, si le despiden). Los programas de evaluación, que desactivan algunas de sus funciones después de un plazo prefijado, no se consideran “bombas temporales”, puesto que en este caso el usuario ya conoce previamente la acción que va a ejecutar el programa informático.