sábado, 21 de enero de 2017

Traducciones literales (EN>ES y ES>EN).

Of natural form («de forma natural»).

Para quedarse cerró («to remain closed»).

Tres cojones bar («tableta con tres frutos secos»).

No caliéntese en puede («do not heat in can).
La fecha mostrada durante el final de puede («date shown in end of can).
Tienda en un lugar chulo («store in cool place»).

viernes, 20 de enero de 2017

Errores lingüísticos que no deberían verse en las redes sociales



Es algo tan obvio que a veces pasa desapercibido. Para ser community manager (o «gestor de comunidades», si lo decimos en castellano), lo primero que debes saber es escribir bien. Y con bien me refiero a lo más básico de la lengua: construir frases con sentido, utilizar bien los signos de puntuación y no cometer faltas de ortografía. Debería ser lógico, ¿no? Pues en la práctica parece que no. Que todo vale.

Reconozco que soy un poco talibán de la lengua en este aspecto, pero no entiendo cómo las personas cometen errores ortográficos. Y aunque a muchos estudiantes les parece una barbaridad, yo estaba de acuerdo en esos profesores que suspendían por tres faltas de ortografía en un examen que, en contenido, merecía un 8. No digo escribir mal una palabra (con esto de las mil pulsaciones por minuto que tenemos escribiendo por ordenador se puede colar un «qeu» e incluso puedo admitir una b cambiada por una v en un momento puntual). Me refiero a errores de base olvidando tildes y construyendo frases con expresiones que son extranjerismos desaconsejados en nuestra lengua.

Aunque la comunicación instantánea nos ha ayudado mucho, también está causando estragos en el lenguaje. Todo porque pensamos que «todo vale» en la inmediatez. Si estás escribiendo un SMS, escribe como quieras. Acorta porque te van a cobrar más; aunque, ¿quién usa hoy en día los SMS salvo nuestros políticos de turno? Pero cuando escribes en las redes sociales, cuestiones de privacidad aparte, estás escribiendo en público. Si estás escribiendo un tuit, puedo entender que acortes palabras, un «q» por «qué», un «1» por «uno» y cosas así, pero sin pasarse. No queremos mensajes como «1ete a nstra pg d FB y mnda t prgnta ya!» No, por eso no paso. Y si estás escribiendo en el muro de Facebook, ¿de verdad necesitas ahorrar espacio?


Dejando a un lado las aberraciones que se cometen con las abreviaturas, hay muchos errores gramaticales que no comprendo, y por ello hoy he querido hacer una lista con los más comunes para intentar evitarlos y que no se extiendan en nuestras redes sociales.

Si yo fuera estudiado más…



Las formas compuestas de los verbos en castellano se forman con el verbo haber. Siempre ha sido así y siempre lo será. No existen tiempos verbales compuestos con el verbo ser. Así que las frases condicionales también se forman con el verbo haber. «Si lo fueras dicho antes» no existe. Nunca. Jamás. Ni se te ocurra escribirlo. Porque si yo te «fuese» contratado te despediría inmediatamente.

Ahí hay un niño que dice «¡Ay!»
Son tres palabras que suenan casi igual, que se escriben de manera diferente y que tienen un significado completamente distinto. «Ahí» es un adverbio de lugar, «hay» es la tercera persona singular del presente del verbo «haber» y «ay» es una interjección de dolor o pena.

A ver, recuerdo haber guardado eso ahí
Esta me mata un poco. Sobre todo en prensa. Que lo he visto y me han sangrado los «hogos» y se me han derretido las retinas, porque que un niño escriba esto, vale, pero que lo haga un periodista…

«Haber» es un verbo. Significa ‘existir’, ‘celebrarse algo’, ‘poseer’, ‘ocurrir’… y también se utiliza, conjugado, para formar los tiempos compuestos verbales. Se escribe con h y con n y en una sola palabra.

«A ver» es una expresión que puede sustituirse por «veamos» o puede significar mandato o curiosidad. Se escribe con la preposición «a» seguida del verbo «ver» en su forma infinitiva. A ver si lo vamos comprendiendo.

¿Por qué preguntas? Porque no entiendes el motivo por que los porqués son importantes.
Y aquí hay una de nivel, pero cualquier persona que haya aprobado la ESO debe saberlo. Y si trabajas con las palabras, ni te cuento. Tenemos cuatro expresiones muy parecidas. Y hay muchas veces en las que se usan mal, ya no solo en las redes sociales, sino en los periódicos y los medios de comunicación. Así que tenemos que aprender bien a diferenciarlas.

«Porqué» (junto y con tilde) es un sustantivo que significa ‘causa’ o ‘motivo’. Puede escribirse también en plural y siempre lleva artículo.

«Porque» (junto y sin tilde) es una conjunción que introduce una subordinada que explica la causa de otra o bien responde a una pregunta. «Eso es así “porque” sí».

«Por qué» (separado y con tilde) se forma con la preposición «por» y el pronombre interrogativo «qué». Se usa en oraciones interrogativas directas o indirectas.

«Por que» (separado y sin tilde) se forma con la preposición «por» y el pronombre relativo «que». Esta expresión se puede sustituir por «el/la cual».


Añadir que nos vamos ya. ¡Correr insensatos!
Una expresión que se usa muchísimo y que es completamente errónea es la de comenzar una frase con un infinitivo. «Decir que…», «Añadir…» y otros casos así. Lo correcto es hacer una construcción verbal en la que se incluya el verbo que queremos destacar. Por ejemplo: «Os recordamos que mañana es el sorteo», o «Les informamos de que pueden enviar sus quejas a…»

Otro uso muy común e igual de erróneo es el de infinitivo como imperativo. «Venir esta noche y os regalamos una copa», «Enviar ya vuestras respuestas». No, no, y no. El imperativo es el tiempo correcto y se inventó para algo. Así que dejad de escribir mal, por favor.


1000 seguidores.... Qué bien!!
Los puntos suspensivos son tres. Ni dos, ni cuatro. Tres. Y ya está. Se usan para señalar la suspensión del discurso —una frase no acabada— o la omisión de algún elemento —por ejemplo, al final de una enumeración—. Así que dejad de poner cuatro, o dos, o cinco, o ponerlos separados de la última palabra de la frase…

Por su parte, los signos de interrogación y exclamación se ponen al inicio y al final de la oración. Da igual que sea larga o corta. Coincido contigo en que el inglés es mucho más útil en este aspecto, pero estamos hablando en castellano y, como tal, tienes que atenerte a sus normas. Los signos de interrogación y exclamación son dos, ¡y tienes que usar ambos! Siempre. Si quieres dar un tono desenfadado y alegre a tu mensaje, hazlo con las palabras. Usar solo el símbolo final no te hace más cool.

O sea tía, es super trendy ese top, me lo pongo este week-end.
Justo lo que acabo de hacer en el párrafo anterior. El castellano es una lengua muy rica en vocabulario. ¿Por qué utilizas palabras de otras lenguas, si seguro que hay una que sirve para decir lo mismo en tu idioma? Se ha puesto muy de moda utilizar palabras en inglés porque parece que todo es más moderno y divertido, pero lo cierto es que no. Quizás todo esto venga del mundo de la informática donde, al no haber palabras en nuestro idioma para designar a los nuevos conceptos, hayan acabado adaptándose. Pero no me digas que no conoces una palabra en español para week-end.

Si quieres ser un altavoz en las redes sociales, ya sea de tu marca personal o representando a una empresa, lo mínimo que tienes que hacer es escribir bien. Que vives de la palabra. ¿O no?

jueves, 19 de enero de 2017

Otros palabros (XLIX): Milan, el


Es curioso que los propios aficionados de uno de los equipos de fútbol de la ciudad de Milán (“Milano” en italiano y “Milân” en dialecto lombardo) cambien la acentuación de su nombre, si bien solamente cuando se refieren al equipo, no a la ciudad. Aunque el nombre oficial de la entidad es “Associazione Calcio Milan”, el canto tradicional de sus “tifosi” es «“Milan”, “Milan”, sempre con te!» Lo que ya no extraña tanto es que, pese a que en español digamos “Milán”, nuestros ilustres periodistas deportivos le hayan cogido tanto gusto a ese cambio de pronunciación, como por ejemplo los de la Cadena SER cuando informan de que «Ibrahimovic se marcha “al Milan” a cambio de 25 millones».
La Fundéu argumenta que «ambas opciones pueden considerarse válidas, pues el nombre oficial no refleja el topónimo italiano “Milano”, sino que se forma a partir de la denominación “Milan Cricket and Football Club” de sus fundadores ingleses Alfred Edwards y Herbert Kilpin». Estamos en las mismas, no obstante, puesto que la acentuación inglesa (/mɪˈlæn/) recae sobre la segunda sílaba, no sobre la primera, luego es difícil discernir el origen de tal pronunciación.

martes, 17 de enero de 2017

Hackatón


También conocido como “hack day”, “hackfest” o “codefest” (en español, “encuentro de programadores” o “maratón de desarrollo informático”), el término “hackathon” (/'hækəθən/), contracción de “hack[er]” y “marathon”, fue acuñado en 1999 por los desarrolladores de OpenBSD y el equipo de mercadotecnia de Sun Microsystems para designar un encuentro de programadores con el objetivo de desarrollar conjuntamente aplicaciones informáticas durante varios días consecutivos, tanto con fines educativos y sociales como para colaborar en algún programa de dominio público o de libre acceso.

viernes, 13 de enero de 2017

CAPTCHA (/ˈkæpˌtʃə/)


Esa serie de caracteres, en ocasiones distorsionados, que se muestran en pantalla cuando queremos registrarnos en algún servicio o dejar un comentario en alguna página de internet tienen su origen en una prueba que propuso Alan Turing en 1950 para demostrar que la inteligencia de una máquina podría simular la de un humano. Es el acrónimo en inglés de “Completely Automated Public Turing test to tell Computers and Humans Apart” (“prueba de Turing completamente automática y pública para diferenciar ordenadores de humanos”), acuñado en el año 2000 por Luis von Ahn, Manuel Blum y Nicholas J. Hopper de la universidad Carnegie Mellon.
En teoría, sólo un ser humano (nunca una máquina) puede interpretar esos caracteres, normalmente incluidos en una imagen para que su reconocimiento deba ser visual (o auditivo, cuando se presenta dicha opción). No obstante, dado que la prueba parte de un ordenador, al contrario que la prueba de Turing, donde el interrogador es un ser humano, este tipo de pruebas se conoce también como “test de Turing inverso”.
Se viene utilizando en internet desde el año 2003 para evitar que los robots virtuales puedan acceder a cuentas de otras personas probando contraseñas diferentes o rellenen formularios de manera automática (encuestas, registros…) Más adelante, Google desarrolló el sistema “reCAPTCHA” que, por medio de líneas, colores, textos ondulados, etc. (e incluso mostrando pruebas más complejas en caso de que el comportamiento del usuario sea sospechoso) evitan que los sistemas de OCR (reconocimiento óptico de caracteres, del inglés “Optical Character Recognition”) puedan descifrar el “CAPTCHA” y engañar a la página.

martes, 10 de enero de 2017

Tinto de verano pael calor



La prosodia popular tiende a contraer sonidos y, por tanto, a desvirtuar algunas palabras, cuyas sílabas se apretujan como si viajaran en el metro en hora punta. Podemos oír en ámbitos coloquiales: «¿T’anterao?», o «to has’tao muy bien», o «¡m’alegro!», o «hay que ir p’alante». El pasado 8 de julio, por ejemplo, un exdirector de periódico hablaba en una tertulia televisiva, a las 23.37, sobre el caso del encarcelado Luis Bárcenas y de «el auto que le mete pa dentro».

Sabemos que la elección del lenguaje se parece al acto de escoger la ropa. Se trata, por tanto, de una cuestión social. No vamos a una boda ataviados con chanclas, ni al monte con traje de gala. Y activaremos de inmediato nuestras opiniones (tal vez, nuestros prejuicios) si observamos que alguien viene al trabajo en pijama.

De igual modo, acomodamos nuestro lenguaje a las situaciones que nos toca vivir, y no nos expresamos en una reunión de amigos como en un congreso de cirugía. Una abogada hablará de forma coloquial en su casa, pero escogerá palabras distintas (quizá para defender lo mismo) si se dirige a un tribunal.

Podemos pensar que tales criterios —diferencia entre lenguaje familiar y lenguaje esmerado— han de aplicarse también a los periodistas y a todos aquellos profesionales que se comunican con un público amplio. No obstante, a menudo oímos expresiones —sobre todo en el periodismo deportivo español— como: «Lanchufao trece segundos de ventaja», «el Celta ha palmao con el Sevilla», o «Contador está intentando enlazar con el grupo de alante».

Este último uso tiene su interés, porque aparece lo mismo en el lenguaje de personas cultas que en la expresión popular. El Diccionario panhispánico de dudas, elaborado por todas las academias de la lengua española, incluye la entrada «alante», y señala: «En el habla esmerada debe evitarse la forma “alante”, usada con frecuencia en la lengua popular e incluso entre hablantes cultos en situaciones informales».

En efecto, no parece muy elegante tal palabra. Pero podemos comprender que se cuele en el lenguaje de personas cultivadas que no están muy atentas a los términos que pronuncian. ¿Por qué? Porque el genio del idioma es analógico, y sabe de la relación entre «detrás» y «atrás». Y si entiende una vinculación entre «detrás» y «atrás», puede tolerar que a partir de «delante» se forme «alante», en vez de «adelante», sabiendo, además, que no existe «adetrás». Así que «de-lante» se empareja con «de-trás», y «a-trás», con «a-lante».

En definitiva, todo lo que sucede es lógico: todo sucede por algo. También en nuestro léxico.

El uso culto ha venido prefiriendo «adelante» en vez de «alante»; hasta el punto de que esta segunda forma apenas aparece en el lenguaje escrito (aunque ejemplos haya).

Por todo ello nos preguntamos, tras estos preámbulos, si expresiones como «Özil tiene que jugar más alante» (o sea, ser más un alantero), o «el equipo falla alante» (es decir, en la alantera), son de recibo en el lenguaje de un medio de comunicación. ¿Se pueden aceptar en un periodismo oral por el hecho de que pretenda acercarse a su público como si fuera de la familia?, ¿las debemos evitar en la prensa escrita?

Tal vez guarden relación estas ideas con el anuncio de la popularísima marca de bebidas Don Simón, que nos riega durante el estío con una cancioncilla encaminada a que saciemos la sed gracias a su «tinto de verano». Y se canta en el anuncio: «Tinto de verano hay que beber, tinto de verano pael calor, fiesta Don Simón».

Dejando aparte que las palabras «tinto», «beber», «verano» y «calor» sugieren más siesta que fiesta (habrá quien haya entendido «siesta Don Simón», dado el contexto), nos hallamos de nuevo ante un uso coloquial en una comunicación pública. Nuestro sentido pragmático nos impedirá creer que se trata de un error de la agencia de publicidad. Como parece obvio, la expresión se incluyó deliberadamente. Quizá porque así acercan el producto a sus potenciales consumidores: la gente como usted y como yo que está dispuesta a recibir con regocijo el tinto de verano como en su día acogió el advenimiento del Seat Seiscientos.

Quienes formamos parte del populacho sabemos reconocernos de inmediato en un producto que nos va como anillo al dedo.

No imaginaríamos, sin embargo, una fórmula publicitaria semejante si se tratara de anunciar Vega Sicilia o Viña Tondonia, ni para vender los relojes Rolex o cualquier coche de lujo: «Un descapotable pael calor», por ejemplo.

El léxico y la gramática acompañan la imagen que transmitimos de nosotros mismos, queramos o no; y la situación ideal consiste en que cada uno pueda determinar algo al respecto. Si decidimos desenvolvernos en zapatillas, estupendo. Y si optamos por el charol, perfecto también. Eso sí, siempre que acertemos con la ocasión adecuada.

El problema sobreviene cuando alguien se topa con un lenguaje vulgar en un ámbito donde esperaba un léxico esmerado, o, por el contrario, cuando quien está diciendo algo suelta unas cuantas frases pedantes que no casan con el ambiente de desenfreno y cachondeo que le envuelve. Quizá los que escuchen en uno y otro caso tiendan a pensar que esa persona dispone de escaso fondo de armario verbal. En un buen ropero debe guardarse lo mismo un elegante traje para una boda que una vistosa camiseta sin mangas. Pael calor, claro.