miércoles, 14 de septiembre de 2016

Base


Son muchos los ejemplos de calcos del inglés “basis” /ˈbeɪsɪs/ (“base”, “fundamento”, “forma”) directamente como “base” cuando en realidad no corresponde.
El caso más común y paradigmático es la locución “en base a”, giro propio del derecho posiblemente proveniente del inglés “on the basis of”, aunque muchos autores lo califican de galicismo tomado de “sur la base de” y el DPD lo considera un calco del italiano “in base a”.
El Museo de los horrores del CVC indica que «procede del lenguaje forense» y nos ofrece alternativas como “basándonos en”, “basándose en”, “sobre la base de”, “en relación con” o simplemente “por”. La Fundéu apunta que «para decir que aquello de lo que se habla se hace con apoyo o fundamento en algo, se recomienda emplear preferiblemente “a partir de”, “en función de”, “basado en”, “a partir de”, “de acuerdo con”, “con base en”, “con apoyo en”, “apoyándose en” o “según”». Otras posibilidades serían “tomando como base” o “con” a secas.
También es muy típica la expresión “en una base diaria” (calcada de “on a daily basis”, cuando en español contamos con giros más habituales como “a diario”, “diariamente”, “cada día” o “todos los días”), similar a “en base permanente” (calcada de “on a permanent basis”, en lugar de “de modo permanente”, “permanentemente” o “para siempre”) y “en base regular” (calcada de “on a regular/ongoing basis”, en lugar de “regularmente”, “a intervalos regulares”, “cada tanto” o “de manera regular”).

Impacto


Sus acepciones tradicionales (‘choque de un proyectil o de otro objeto contra algo o alguien’, ‘huella o señal que deja dicho choque’, ‘efecto de una fuerza aplicada bruscamente’) provienen del latín tardío “impactus” (in–, “hacia el interior”, y –pactum, raíz del verbo “pangere”, que significa “clavar”).
Las acepciones más modernas (‘golpe emocional producido por un acontecimiento o una noticia desconcertantes’, ‘efecto producido en la opinión pública por un acontecimiento, una disposición de la autoridad, una noticia, una catástrofe, etc.’), además de las expresiones “impacto ambiental” o “impacto medioambiental” (‘conjunto de posibles efectos sobre el medio ambiente de una modificación del entorno natural, como consecuencia de obras u otras actividades’) son un calco del inglés “impact” (/ˈɪmpækt/), por lo que en esos contextos es preferible optar por otras traducciones más correctas de dicho anglicismo, tales como “impresión”, “efecto”, “repercusión” o “consecuencia”.

miércoles, 31 de agosto de 2016

Final del día, al


Según el contexto, la expresión inglesa “at the end of the day” puede tener un sentido literal (“al finalizar el día”, “al terminar el día”, “al final de la jornada”) o figurado (“después de todo”, “a fin de cuentas”, “al fin y al cabo”). Conviene, por lo tanto, prestar atención a ese contexto para no calcar esta expresión inglesa al español en su sentido literal cuando en realidad corresponda su sentido figurado.
Véase como ejemplo el siguiente extracto, tomado de un texto de D. Jesús Fernández-Villaverde (de quien ya publicamos su estupenda presentación La salida de la crisis: cómo y cuándo) en la bitácora Nada es gratis: «“Al final del día”, una reducción dramática de este nivel de intercambios puede ser más perjudicial para Alemania y sus socios que para el Reino Unido». Es evidente que otras expresiones como “en definitiva” o “al fin y al cabo” habrían sido más correctas idiomáticamente, puesto que la frase no se refiere a que dicha reducción de intercambios esté teniendo lugar “en las últimas horas de la tarde o de la noche”.
Como profesor universitario en la Universidad de Pensilvania, es natural que se produzcan fenómenos de alternancia de código entre la lengua materna y la de trabajo, de tal modo que se adquiera una tendencia a este tipo de calcos. No obstante, la importante presencia que ha adquirido “NeG” en los últimos años podría justificar la participación de algún corrector que mejorara este tipo de aspectos lingüísticos, quizás el pie de donde más cojea esta interesante publicación.

martes, 30 de agosto de 2016

Opcional


El DRAE lo define como ‘optativo, no obligatorio’, aunque sin marca de anglicismo pese a tratarse de un calco del inglés “optional” (/ˈɒpʃənəl/), que se puede traducir al español como “facultativo” (‘opcional, no obligatorio’) o “discrecional” (‘que se hace libre y prudencialmente’), además de “optativo” (‘que depende de opción o la admite’), que es también un calco, en este caso del francés “optatif” (/Ɔptatif/).
En relación con la sinonimia entre “opcional” y “optativo”, el DPD indica lo siguiente: «[…] existen ciertos contextos en los que se emplea con preferencia uno de estos adjetivos, y no ambos indistintamente; así, referido a materias de estudio, se usa de forma casi exclusiva el adjetivo ‘optativo’ (“asignaturas o materias ‘optativas’”), a menudo sustantivado: “Deberán anotarse año tras año las materias ‘optativas’ escogidas y cursadas por el alumno”; “Impartía la ‘optativa’ de Teatro en el instituto donde trabajo”. Para referirse a las prestaciones suplementarias que pueden añadirse a las básicas al adquirir algo, se emplea normalmente el adjetivo ‘opcional’: “La promoción está dotada de plazas de garaje y trasteros, ambos ‘opcionales’”; “La chaqueta puede ser con o sin cierre, más un chaleco interior ‘opcional’”».
Otra diferencia entre ambos términos radica en el número de posibilidades que implica cada uno. Cuando hablamos de algo “opcional”, sólo hay dos posibilidades (hacer o no hacer): «El examen de Traductología es “opcional”» (no es obligatorio presentarse). Sin embargo, en el caso de “optativo” se escoge entre más posibilidades: «El examen de lenguas extranjeras es “optativo”; se puede elegir entre inglés, francés o alemán» (es obligatorio —no es “opcional”—, y hay que optar por una de las tres posibilidades).
Por su parte, el inglés “optative” (/ˈɒptətɪv/) también proviene del francés “optatif” y, al igual que en el caso del español, tampoco es totalmente intercambiable con “optional”: mientras que éste vocablo se refiere más estrictamente a la posibilidad de “optar”, aquél tiene el matiz de expresar un deseo que puede ser elegido. No obstante, a la hora de traducir hay que prestar también mucha atención a las colocaciones, ya que la traducción de “materia optativa” sería “optional subject”.

jueves, 28 de julio de 2016

Booktuber (/bʊkˈtjuːbə/)


La palabra compuesta “youtube” (/juːtjuːb/) está formada por la acepción coloquial de “tube” que, además de “metro”, significa “tele” o “caja tonta” (por afinidad con “cathode-ray tube” o “tubo de rayos catódicos”).
El famoso servicio de alojamiento de vídeos, lanzado en el año 2005 por tres antiguos empleados de PayPal y adquirido un año más tarde por Google, tomó como lema «broadcast yourself» («transmite tú mismo» o «emítete a ti mismo»). No tardó en convertirse en la página más utilizada en internet dentro de su campo, tanto es así que dio origen al verbo “to youtube” (buscar en YouTube), del mismo modo que con Google nació el neologismo “gugolear”. Aun así, probablemente sus creadores no anticiparon que, merced al auge de los “listófonos”, su idea terminaría dando lugar a una nueva profesión, el “youtuber” /juːˈtjuːbə/ (‘usuario de YouTube’ o ‘productor de vídeo en YouTube’), cuyos exponentes más populares (“YouTube personalities” o “YouTube celebrities”), con millones de suscriptores en todo el mundo, llegan a ganar cifras astronómicas cercanas a los 100 000 euros al mes.
La terminación –er, utilizada en inglés para formar este neologismo, indica en este caso una profesión relacionada con el nombre que se antepone. El sufijo correspondiente español es –ero (no –ante, como en “youtubante”, otra alternativa también utilizada en algunas páginas), con lo que las reglas de formación de palabras de nuestro idioma nos dan “youtubero”, que se podría adaptar a nuestro sistema fonético como “yutubero”.
A caballo del fenómeno “youtubero” han surgido más recientemente los “booktubers” (“youtubers” que leen) o “videoblogueros/vloggers literarios” que, con el deseo de contagiar su pasión lectora, recomiendan sus últimos descubrimientos, hacen videoreseñas literarias y recorridos guiados por sus propias bibliotecas, comentan otros aspectos relacionados con los libros (juegos, colecciones, hallazgos en librerías de segunda mano, oportunidades en internet…), comparten guías para escribir y publicar, etc.
Pese a tratarse de un fenómeno denostado por los críticos literarios más puristas (sobre todo desde que les roban protagonismo tras su salto desde la pantalla del ordenador hasta las ferias de libros), los datos demuestran que su auge está siendo una buena noticia: la mayoría de “booktubers” son mujeres jóvenes de entre 12 y 28 años y, no por casualidad, el rango de edad más lector en España se encuentra entre los 14 y los 24 años (es a partir de los 54 cuando la lectura cae en picado), según el Barómetro de hábitos de lectura y compra de libros de la Federación de gremios de editores de España, si bien es cierto que con protagonismo de los grandes éxitos editoriales y mucha literatura fantástica, ciencia-ficción, aventuras distópicas y pseudorománticas.